“En mis sueños podía verte, podía decirte cómo me siento…”
Las arqueologías, que son mejores que las genealogías –decía Foucault- porque tienden a tener mayor veracidad y rigor a la hora de buscar el origen.
Esa es la regla general, claro; porque esta es extraña ¿y por qué? – Porque tiene su origen en una excomunión provocada por un desastre natural, ¿Qué era? – A continuación intentaré explicar.
Al comienzo tenía una tendencia a sentirme enamorado, por ese delgado aire, que me hacía pensar que había llegado demasiado lejos para echar pie atrás; sólo debía confiar en lo que vendría y dejarme llevar por la corriente que sólo podía denotarme lo bueno, lo dulce y lo sublime. Luego me abrazaba esa dicotomía natural del día y la noche, con su luz que algunos dirán que es diferente, en realidad es la misma. Suena poco lógico, pero todo viene en ondas, la luz refractada siempre es una sola y no es posible engañar ni a los sentidos ni al corazón. Podía volar y darme cuenta que era una unidad inteligible, era el horizonte, nada más. Sí, sueño con ver esa luz única en ti, que brilles sólo para mí y nadie más, porque eso me hará darme cuenta de que entre tanta arqueología, los caminos me llevaban hacia ti. Porque eso lo es todo, es como la energía que resulta ser tú y yo, innegablemente dentro de la comunión perfecta de que “estamos aquí, porque estamos aquí.”
Todo es muy lindo, hasta que descubrimos lo malo de concebir así la vida, pues tú mundo de sueños es un mundo muy aterrador para estar atrapada ahí; por eso, debes proyectarte hacia la verdad y brillar a lo largo del tiempo. No quiero que camines junto a los ángeles, porque no te curarás pensando en esa ilusión; necesitas llegar a la profundidad y buscar al olvido, sólo ahí sentirás a mi corazón quemándose. Todo concatenado como un simple error, por eso, debes pensar por ti misma y salir del panóptico. Así quizás, encontrarás la respuesta y no será un simple “último” adiós, donde sólo nos veremos en ese espantoso mundo que creaste: el de tus sueños y ahí te diré cómo me siento.
Un vacío gigante inundaba todo el mundo que yo conocía, me hacía perder el control, no tenía ninguna claridad; había perdido el norte. Un agujero universal que me llevaba hacia el desenfreno, no podía salir a flote, el frenesí me carcomía las entrañas.
Caía y caía… pero sentía que estaba volando, por encima de ti. También soñaba que estaba muriendo en mi periplo hacia la verdad, además parecía que tú querías hacerme eclosionar contra el suelo. Igual, me hacía poner los pies en la tierra y reconocer todas mis limitaciones en esto.
Golpe tras golpe, tenía ganas de preguntar –basado en la arqueología- si estabas ahí. Es maravilloso conocer una respuesta así, y no ver a todos los fantasmas que rodean ese atisbo; te habías perdido.
Todo ese dolor, esa preocupación no eran suficiente. Yo no podía quitar mis ojos de ti. No había romance, no había una historia, tampoco un héroe en los cielos… sólo eso era. Mi mente tampoco podía apartarse de ti, quizás hasta que encontrare algo nuevo… ¿Estarías esta noche? ¿Dónde? ¿En el cielo? – No podría encontrarte, ni aunque estuviera usando genealogía… Llegaba la oscuridad y la falta de sueño, esto produce un quiebre notable, pero podía recordar… que había sido un frío y duro invierno sin ti, yo lloraba y mucho, pensando en ese desastre natural que no nos llevó a nada hermoso. Con eso, descubrí –y tras todo este proceso de la arqueología- que tú podrías romper mis sueños cuando lo desees.
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